La como ejemplo de las dificultades que las mujeres

La mexicana Sor Juana Inés de la Cruz ha pasado a la historia de la literatura hispanoamericana como ejemplo de las dificultades que las mujeres han tenido que superar para acceder a la educación y obtener el derecho de la escritura. Esta monja jerónima del siglo XVII ha dejado abundantes obras literarias y composiciones líricas que reflejan su actitud contestataria ante las limitaciones opuestas en la mujer por la sociedad patriarcal. En su documento epistolar autobiográfico, la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, escrito en 1691, Sor Juana se defiende de las críticas que un eclesiástico, el arzobispo de Puebla, desarrolla sobre la Carta Atenagórica, una reflexión elaborada por la poetisa a partir de la lectura de un sermón del padre Antonio Vieira, en 1690. En este ensayo analizaré, desde un punto biográfico, como es que a partir del uso de estrategias retóricas, Sor Juana consigue alterar el discurso misógino de la iglesia con la finalidad de defender su derecho y el de las mujeres al estudio, a intervenir en la esfera pública y a ejercer una función social relevante, más allá del ámbito del hogar y del convento.Los escritos de Sor Juana se fijan dentro de las corrientes culteranas y conceptistas del barroco mexicano. De acuerdo con Mabel Morano, en su artículo “Para una relectura del barroco hispanoamericano: problemas críticos e historiográficos”, el barroco representa una de las etapas iniciales de la literatura hispanoamericana, porque encierra los orígenes de la identidad mestiza y la condición colonial de Hispanoamérica ( Morano, pp.219). Una contribución enorme al barroco mexicano fue inspirada por la unidad de la iglesia y el Estado, es decir, de la religión y de la política de la Nueva España en el siglo XVII, que influyeron decisivamente en la literatura mexicana. Consecuentemente, en las obras de Sor Juana Inés de la Cruz dominaban las manifestaciones de carácter social y espiritual, guiándose mediante recursos conceptistas del barroco como el uso de paralelismos, la utilización de tesis y antítesis, los juegos de palabras y el énfasis en lo intelectual. La problemática de Sor Juana como protagonista y como víctima de las circunstancias sociales, políticas y religiosas de la Nueva España son un claro ejemplo de los valores culturales y del contexto político, social y económico que se vivía en toda Europa en el siglo XVII. Según Nettel, en su artículo “Nueva España, la crisis del siglo XVII y la modernidad barroca en Sor Juana Inés de la Cruz”, la sociedad barroca estaba marcada por la contrarreforma y su posición ortodoxa clerical: “En el siglo XVI y XVII Nueva España es un reino de la corona española y todos sus vasallos son libres del rey. En este reino el representante de la monarquía española, con su corte, es el virrey que comparte una parte de su poder con el arzobispo de México. Es decir, es una monarquía absoluta con un acentuado clericalismo” (Nettel, pp.19). En esta forma de gobierno absolutista católica, la inquisición era un órgano muy poderoso, el cual se debía de respetar y temer.Fue en este contexto que Sor Juana Inés de la Cruz o Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana nace en el reino de Nueva España el 12 de noviembre de 1651. Como ella explica en su carta biográfica a Sor Filotea de la Cruz, no había cumplido los tres años cuando comienza a aprender a leer e inicia su inclinación por las letras. Alrededor de los ocho años es enviada a la capital a vivir con un abuelo donde tiene disponibles una colección de libros de autores clásicos. Entre los 15 y 16 años, en 1664, su inteligencia y belleza le dan un lugar en la corte virreinal como dama de la virreina Mancera, donde aprende latín y tiene acceso a un mayor número de libros para estudiar con más seriedad. A pesar de su éxito en la corte, en 1668, Juana Inés decide entrar al convento de las Carmelitas, porque dada su situación de huérfana de padre e hija natural, su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, le aconseja que el mejor lugar para asegurar la salvación de su alma es el convento. Poco tiempo después deja este instituto debido a la severidad de las reglas del convento y un año más tarde entra a la orden de las monjas jerónimas donde permaneció por 26 años. El pensar que sus estudios, así fuesen sobre lo mundano o lo religiosos, la acercaban cada vez más hacia la divinidad le ayudaba a sobrellevar el aislamiento dentro del convento. Sor Juana gozó por 28 años de la protección de distintos virreyes, arzobispos y condesas, que la protegían de la envidia de sus enemigos, y la impulsaban a que estudiara y escribiera libremente en la orden de las monjas jerónimas, hasta su muerte en 1695 a los 43 años a causa de una epidemia de peste.  En 1690, durante el gobierno del conde de Galve (1688-1699), el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, edita y publica sin consentimiento de Sor Juana la Carta Atenagórica escrita por ella: “… Quien hizo imprimir la Carta tan sin noticia mía, quien la intituló, quien la costeó, quien la honró tanto (siendo de todo indigna por sí y por su autora)” (Respuesta a Sor Filotea). En esta carta, nombrada así en honor a la diosa de la sabiduría Atenea, ella critica el sermón del Mandato del padre Antonio Vieira, cuyo tema era el amor de Cristo por el hombre con la finalidad de fomentar la devoción y estimular una buena vida cristiana en los oyentes. Sor Juana opinó que el mayor sacrificio que Cristo hizo fue morir por los hombres, mientras que Vieira opinaba que el mayor amor de Cristo estaba en su ausencia. Su “atrevimiento” no termina en la refutación del sermón del obispo, sino que se convierte en un adversario de la inquisición española al brindar su propia opinión de monja y demostrar su conocimiento exacto de las nociones fundamentales de la iglesia

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